11/11/09

Cuentos del Viejo Antonio: La historia del uno y los todos

Narrado en la presentación del curso “Dinámicas y conflictos de los pueblos indígenas en América Latina”, dentro del Latin American Program de la Universidad de Helsinki

“Hubo un tiempo en el que no había tiempo. Era el tiempo del inicio. Era como la madrugada. No era noche ni era día. Se estaba el tiempo así nomás, sin ir a ningún lado y sin venir de ninguna parte. No había luz pero tampoco había oscuridad. Era el tiempo en el que vivían los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, los más primeros. Dicen los más viejos de nuestros viejos que esos primeros dioses eran siete y que cada uno era dos. Dicen los más ancianos de nuestros ancianos que <> es como los más antiguos numeran a los todos, y que el uno siempre es dos para poder caminarse. Por eso cuentan que los más primeros dioses eran dos cada uno y eran siete veces. Y estos más grandes dioses no se nacieron sabedores y grandes. Pequeños eran y no mucho sabían. Pero eso sí, mucho hablaban y se hablaban. Puro palabrerío eran estos primeros dioses. Mucho se hablaban todos al mismo tiempo y nada se entendían unos a los otros.
Aunque mucho hablaban estos dioses, poco sabían. Pero, ¡a saber cómo o porqué!, hubo un momento en que todos se quedaron callados al mismo tiempo. Habló entonces uno de ellos y dijo y se dijo que era bueno que cuando uno hablara los otros no hablaran y así el uno que hablaba podía escucharse y los otros que no hablaban podían escucharlo y que lo que había que hacer es hablar por turnos. Los siete que son dos en uno estuvieron de acuerdo. Y dicen los más viejos de nuestros viejos que ése fue el primer acuerdo de la historia, el de no solo hablar sino también escuchar.
Miraron los dioses los rincones de esa madrugada en que todavía no había ni día ni noche ni mundo ni hombres ni mujeres ni animales ni cosas. Miraron y se dieron cuenta de que todos los pedacitos de esa madrugada hablaban verdades y que uno solo no podía escuchar todos los rincones, así que se dividieron el trabajo de escuchar a la madrugada y así pudieron aprender todo lo que el mundo de entonces, que no era mundo todavía, tenía para enseñarles.
Y así vieron los más primeros dioses que el uno es necesario, que es necesario para aprender y para trabajar y para vivir y para amar. Pero vieron también que el uno no es suficiente. Vieron que se necesitan los todos y sólo los todos son suficientes para echar a andar el mundo. Y así fue como se hicieron buenos sabedores los primeros dioses, los más grandes, los que nacieron el mundo. Se supieron hablar y escuchar los dioses estos. Y sabedores eran. No porque supieran muchas cosas o porque supieran mucho de una cosa, sino porque se entendieron que el uno y los todos son necesarios y suficientes.”
El Viejo Antonio
Atzin

21/10/09

De cuando el Atzin FC lideró la Superliga CF (Crónica sentimental de un juego banal)

Como ya va siendo costumbre de los últimos días en Finlandia, hoy la ciudad de Kirkkonummi amaneció con temperaturas bajo cero, los parabrisas de los coches congelados y poca luz natural. Sin embargo, hoy no está fría. Ni solitaria. Y es que uno de sus rincones irradia ráfagas de júbilo y algarabía que, aunque no todos lo ven, hacen un poco más cálida a esta ciudad finlandesa.

Si nos acercamos un poco nos daremos cuenta de que todo ese tumulto proviene de una casa en la calle Hirvitie. Exactamente, del lugar donde se conforma, se entrena y se rehace cada semana el Atzin FC.

Y es que hoy por la mañana, cuando ansiosamente el grupo se acercó a revisar junto con el entrenador su posición en la Superliga CF, no se lo esperaban. Seamos sinceros. Sabían que habían hecho una muy buena jornada. Se sentían contentos y tranquilos pero de verdad que no se esperaban que, por primera vez desde que comenzaron a participar en ella, serían líderes de una jornada de la Superliga CF. Y menos en el arranque de la 2ª temporada.

Por eso, cuando el entrenador se los dijo, cuando este, muy a pesar de la sensatez con la que se ha querido manejar frente a sus jugadores, no pudo contener la sonrisa en los labios y la satisfacción en sus ojos, fue inevitable: la alegría, en forma de gritos, risas y jolgorios, estalló. Piqué jugueteó con la cabeza rapada de Valdés. Pandiani y Arduriz, en un gesto de gran madurez y compañerismo, se abrazaron con Benzema. Keita y Alonso se olvidaron de los colores de sus playeras y se estrecharon las manos. Albiol, Josemi y Puñal mantearon a Alfaro. Y todos, absolutamente todos, brincaron al unísono cantando un “¡sí se pudo, sí se pudo!”.

El entrenador quiso frenar el desbordado entusiasmo. Su experiencia le ha dicho que, tanto en la vida como en el fútbol, las alegrías son puentes de las desdichas. Quiso decirles que victorias no son más que anillos de compromiso con los esfuerzos mayores. Que no hay que llegar, sino hay que saber mantenerse. Que es mejor oponer estabilidad ante los diques de felicidad.

Pero no pudo.

Sólo atinó a decir con voz entrecortada: “¡Festejen, chicos, festejen, se lo merecen!”

Y se abrazó con ellos.

Atzin (obvio: entrenador del Atzin FC)

28/09/09

La historia de las cosas

Una de mis mayores críticas a la academia en general, y a la ciencia política en particular, es por su constante tendencia a parcializar el conocimiento. O sea, su inclinación a explicar algún fenómeno o proceso únicamente bajo las premisas exclusivas de la disciplina en cuestión; aislándolo así de otros factores explicativos (nada en la realidad nace sólo de una causa) y, por lo tanto, descontextualizándolo.

Y entonces, se crean complejos y sesudos modelos analíticos que, si no están completamente diseñados desde un escritorio, no hacen más que trocear la realidad al mirarla sólo por un lado. ¡Y si la realidad no cabe en los modelos de explicación, pues peor para ella!

Eso, por ejemplo, lo he notado muchísimo en mi disciplina, la Ciencia Política, donde se producen eruditos análisis sobre la vida política que en su gran mayoría omiten, olvidan o de plano extirpan los factores económicos, vacunando así a la política de esa sagrada complejidad que sólo deben entender los economistas. Con esa operación maestra, los analistas políticos se vuelven especialistas en elecciones, instituciones, actores, partidos políticos, parlamentos, y hasta en rumorología y amoríos políticos, pero todo a costa de vaciar a la política de su naturaleza económica, inclusive a veces llegando a banalizarla al entenderla como un mero espectáculo teatral.

Porque por más que se esfuercen en negarlo, la política mantiene una antiquísima relación con la economía al participar activamente como garante de las relaciones de producción; por ejemplo, el Estado tiene un fundamento capitalista, como ya ha sido ampliamente analizado (perdonen mi lenguaje anticuado, producto netamente de mi paso por la UNAM, así que la pobre Universidad de Salamanca queda exculpada de estos exabruptos). Sin embargo, la mayoría de los análisis políticos analizan al poder político por el poder en sí mismo (y no en vinculación con los intereses económicos que se vinculan a él), con lo que no sólo no se cuestiona esa naturaleza económica que crece al amparo del poder político (es intocable), sino que además se le piensa como una relación intrínseca: “la democracia requiere necesariamente de una economía de mercado”, llegó a expresar directamente un prestigioso analista político latinoamericano. Insisto, jugada maestra.

Bueno, los anteriores remedos de análisis/críticas/lamentos con la Ciencia Política vienen a colación porque acabo de ver uno de los documentales más claros, precisos, ilustrativos y contundentes sobre el orden socio político mundial basado en la economía, y que me ha recordado lo limitado que suelen ser los análisis políticos y lo necesario que es la información círitica. El documental se llama “La Historia de las Cosas” (The Story of Stuff) y contiene, sin duda, los 20 minutos dedicados a un vídeo con los que más a gusto me he sentido en mi vida.
Lo recomiendo ampliamente.
Si lo desean, pueden verlo en este blog (lo he añadido más abajo) o en la propia página del documental (donde lo pueden ver subtitulado en varios idiomas).





No hay que olvidar que las utopías pierden su carácter idealista cuando se van traduciendo en acciones concretas. Como la información crítica.

Atzin

Nuestra economía enormemente productiva... pide que hagamos del consumo nuestra forma de vida, que convirtamos la compra y uso de los bienes en un ritual, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, nuestra satisfacción del ego, en consumo... nosotros necesitamos cosas consumidas, quemadas, reemplazadas y descartadas a paso acelerado. Victor Lebow

09/09/09

No, todavía no

Tiene toda la pinta de ser una de esas relaciones que engrosan las cuentas bancarias de los psicólogos.

Porque creí que mis desvelos, ensimismamientos y apegos bastarían para tenerla definitivamente.

Pero no.

Tres años de esclavitud a sus caprichos no han sido suficientes. Al menos no aún.

Lo peor es que de tanto acariciarla pensando en el final llegué a creer que ya estaba lista.
Que por fin era mía.
Que todo lo que había por decir, ya se había dicho (o, por lo menos, sugerido).
Que, sin olvidarnos de nuestra coincidencia, cada quien ya podría elegir su sendero en la bifurcación del camino.

Pero no. Todavía no.

Porque aún sigo inmerso en la maraña de correcciones de la tesis doctoral con el único aliciente de que no será interminable (al menos, eso quiero creer).

Y es que ni yo mismo sé si no la he abandonado porque he recuperado, una de dos, mi vocación de lucha o de establecer relaciones enfermizas.

Sea lo que fuere, mi tesis y yo aún nos seguimos viendo la cara todos los días.

A ver si pronto se da la separación definitiva. Eso sí, en buenos términos. Es lo mínimo que se merecen tres años de convivencia diaria.

Atzin

Porque estás que te vas y te vas
y te vas
y te vas
y te vas
y te vas
y no te has ido

José Alfredo Jiménez

25/08/09

Mi equipo de fútbol de todos los tiempos (o, soñar no cuesta nada)

Imitando la idea de un comercial de conocida marca deportiva, hace algunos meses mi amigo Chimo publicó en su blog un post sobre los jugadores que él escogería para confeccionar un equipo de fútbol donde -¡faltaba más!- él también formaría parte de la plantilla.

Inspirado en tan interesante forma de encauzar los gustos futbolísticos (o sea, perder el tiempo), quien esto escribe expondrá a continuación el equipo que ha formado siguiendo los parámetros de las fantasías más recónditas (futbolísticamente hablando, se entiende): el único e inigualable Atzin CF de TT (Atzin Club de Fútbol de Todos los Tiempos).

Bajo un inamovible y ofensivo esquema de juego de 3-5-2, los jugadores del Atzin CF de TT alinearían de la siguiente forma:

En la portería, Jorge Campos (además de buen atajador y excelente ubicación, sabe jugar con los pies, lo cual es necesario para un equipo que siempre apostará por adelantar líneas).

En la línea defensiva, el trío se integraría por Paolo Maldini, Carles Puyol y Franz Beckenbauer. Es decir, liderazgo, entrega y clase.

El mediocampo se conformaría, en su contención, por Lothar Matthäus (un todo terreno) y por Johan Cruyff (visión total del campo). Delante de ellos, Zinedine Zidane se plantaría como director de la orquesta, secundado a la izquierda por Diego Armando Maradona y por Andrés Iniesta a la Derecha.

Finalmente, en la delantera estarían, detrás del delantero principal, Marco Van Basten y, como capitán, goleador, cobrador oficial de penalties y tiros libres, director técnico, mejor pagado y estrella del equipo, su amigo y servidor.

De manera que la alienación del Atzin CF de TT quedaría de la siguiente manera:

-------------------------Jorge Campos---------------------

-Franz Beckenbauer-Paolo Maldini-Carles Puyol-

-----Lothar Matthäus---------Johan Cruyff------------

-----A. Iniesta-----Z. Zidane----D. A. Maradona----

-----------------------Marco Van Basten-------------------

-----------------------------Yo Mero-------------------------

Los 10 suplentes del equipo (porque yo siempre jugaría, aunque fuera lesionado) serían:
Iker Casillas (Portero)
Ronald Koeman (Defensa)
Fernando Hierro (Defensa)
Claudio Suárez (Defensa)
Pep Guardiola (Mediocampista)
Fernando Redondo (Mediocampista)
Michel Platini (Mediocampista)
Pavel Nedved (Mediocampista)
Roberto Baggio (Mediocampista)
Pelé (Delantero)

¿A qué no hay ningún guapo que pueda con nosotros?

Atzin


Ganaremos sin bajarnos del autobús. Helenio Herrera

19/08/09

Dos noticias

1. La optimista: Amnistía Internacional ha anunciado que ha nombrado como presa de conciencia a Jacinta, la indígena otomí encarcelada desde 2006 acusada de haber secuestrado a seis agentes federales, debido a que se le negó un juicio justo y está reclusa únicamente debido a su situación marginal.
Con el anuncio de Amnistía, considero que el gobierno mexicano y las instancias judiciales se sentirán más presionadas para liberar de inmediato a Jacinta, encarcelada sin un debido proceso y sólo con la contundente prueba de una fotografía en la que ella aparece asomándose en la plaza de su pueblo para enterarse de lo que sucedía en aquel momento. Digo, ¿no es la inmediata liberación de Jacinta lo que corresponde después de la legaloide decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el caso Acteal? ¡Si seré ingenuo! Por lo menos, apuesto a que con este caso se mostrará, una vez más, la sarta de deficiencias, incongruencias e intereses políticos en la procuración de justicia en México.

2. La pésima: Revisando los comentarios de los lectores en las ediciones electrónicas de dos diarios que informaron sobre esta noticia, tristemente confirmo que todavía existe una gran cantidad de prejuicios, desconocimiento e intolerancia hacia los indígenas en México.
Esto, no sólo porque muchas personas no reconocen las desventajas y los abusos a los que se enfrentan los pueblos indígenas en el sistema de (in)justicia mexicano (el cual, hay que repetirlo, responde a códigos culturales que les son ajenos a los indígenas, incluido el idioma), sino porque hubo personas que aprovecharon el espacio para soltar perlas como "es que los indígenas deberían hablar español, por eso son atrasados", "son pobres porque no le echan ganas", o "la ley es igual para todos, así que no importa si es indígena o no ", y demás linduras que no hacen más que reproducir las actitudes paternalistas, discriminatorias, autoritarias, racistas y superficiales con las que los pueblos indígenas han sido tratados mayoritariamente desde hace 517 años. ¡Si todavía he escuchado por las calles de México a personas gritando "indio" a otras como adjetivo despectivo!
Y es que ese modelo tutelar, represivo y excluyente, surgido de la homogenización y hegemonización de las diferencias, sigue alimentándose de lo que siempre se alimentan estos sistemas dominantes: la ignorancia, el conformismo, la sumisión, la trivialidad y el individualismo.
Afortunadamente, la mayoría de los indígenas (los más dignos de los dignos), siguen en pie de lucha. Y no sólo me refiero a los que esperanzadoramente continúan resistiendo y construyendo en sureste. Sino también a los que se organizan en el Congreso Nacional Indígena, quienes la semana pasada reiteraron los principios de su de su otra política:

Obedecer y no mandar
Bajar y no subir
Representar y no suplantar
Proponer y no imponer
Convencer y no vencer
Construir y no destruir
Servir y no servirse
Defender el territorio es defender el pueblo

Y sobre todo, que
“Antes como Antes ahora como ahora
NUNCA MÁS UN MEXICO SIN NOSOTROS”

No hay que dejarlos solos.

Atzin

Tiene suerte este país. Donde otros destruyen, estos indígenas construyen. Donde otros separan, ellos juntan. Donde otros excluyen, ellos incluyen. Donde otros olvidan, ellos recuerdan. Donde otros son una carga para todos, ellos cargan, entre otras cosas, con nuestra historia. Subcomandante Insurgente Marcos.

04/08/09

Batalla profunda en Finlandia

Estoy convencido de que quienes queremos y luchamos por un mundo mejor, con justicia, democracia y libertad, no debemos evaluar el camino por victorias o fracasos, sino por enterezas.
Las derrotas hay que sentirlas con autocrítica y administrarlas con paciencia. Las victorias, con júbilo y con prudencia.
No obstante, creo que el camino debe evaluarse con las resistencias que hemos puesto frente a las múltiples cooptaciones circundantes. Con el tiempo que hemos mantenido nuestros ideales a pesar de las circunstancias y las edades que hemos mudado. Con los “sin embargo” con que hemos ido pavimentando nuestro andar. Con las veces que, en lugar de justificar nuestros errores, hemos aprendido de ellos. Y, lo más importante, con las veces que hemos continuado a pesar de tener todo en contra.

Esto lo escribo sobre todo para motivarme a mí más que para aleccionar a alguien. Para continuar con la batalla que he decidido emprender en Finlandia: la del reconocimiento/incorporación de los derechos colectivos de los pueblos indígenas en las políticas de cooperación de este país nórdico.

Reitero, por derechos colectivos estoy refiriéndome a la justicia y respeto para los más marginados de los marginados: los pueblos indígenas (en el caso de Finlandia, los Samis). Ello, desde lo que la comunidad internacional ha reconocido (vía Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas) como derechos inherentes a los pueblos indígenas en cuanto colectivos diferenciados. Derechos que, dicho sea de paso, no son poca cosa.

Porque la cuestión no es que sean derechos mínimos que han sido aceptados a regañadientes por los Estados y la comunidad internacional, sino que están ahí y no se respetan. Y no sólo me estoy refiriendo a la consabida infinidad de humillaciones que han sufridos los pueblos indígenas en América Latina. No. Me refiero también al caso de Finlandia que, aunque en su territorio viven los Samis, es el país nórdico que menos ha hecho por ellos, caso contrario a Noruega y Suecia, quienes sí les han concedido una mayor cantidad de prerrogativas que buscan respetar sus derechos colectivos. Pero Finlandia huye del tema, evita mencionarlo, niega por activa y por pasiva derechos de autodeterminación a los Samis.

Por eso el año pasado, cuando el Ministerio de Relaciones Exteriores de Finlandia emitió una convocatoria a las instituciones educativas para apoyar proyectos de investigación que influyeran en su política de cooperación, ni tardo ni perezoso le entré. Convencí a gente y al director del Departamento de ciencia política de la Universidad de Helsinki de participar en dicha tarea. Así, elaboramos un proyecto (que tuve que reescribir como unas 15 veces porque cada coma me era cuestionada) y lo enviamos en el plazo establecido. Realmente fue un proyecto interesante porque, a partir de una investigación en el territorio, proponía incluir a los derechos colectivos de los pueblos indígenas en la política de cooperación de Finlandia en América Latina. Y además era un proyecto factible.
Pero lo rechazaron.
Sin argumentos, sin justificaciones, ni siquiera con un gracias por participar (porque tal vez nosotros éramos quienes debíamos agradecer por la oportunidad). Simplemente lo rechazaron.

Yo, que soy muy mal pensado y quejoso –al fin y al cabo, latinoamericano en Finlandia- creí que el rechazo se debió al tema que propusimos. En cambio, compañeros míos que participaron en la aventura (finlandeses, claro está) afirmaron rotundamente que NO, que de ninguna manera, que sólo nos rechazaron el proyecto porque “el Ministerio recibe tantísimos proyectos que debe rechazar algunos” (ex compañera del proyecto dixit). Sí, argumentación lógica y razonable.
Pero hace algunos meses una profesora finlandesa de la Universidad de Toronto publicó un maravilloso artículo en el (único) periódico de circulación nacional de Finlandia. En ese lapidario artículo, la profesora criticaba duramente al sistema político finlandés (política de cooperación incluida) por marginar a los Samis de la vida pública con decenas de estrategias, entre otras, ¡rechazando todo tipo de actividades y proyectos de investigación vinculados a los derechos colectivos! (¡Bingo! Una indignante sonrisa me inundó el rostro). Y hablaba con conocimiento de causa porque ella, además de profesora, es Sami.
Por si fuera poco, dos días después, el máximo representante del Pueblo Sami en Finlandia publicó un artículo donde no sólo confirmaba las afirmaciones de la profesora finlandesa de la Universidad de Toronto, sino que afirmó que se quedó corta: la marginación de los Samis en Finlandia era impropia de un país que se considera como “desarrollado”.

Obviamente, todo quedó en eso. Típica táctica del sistema finlandés: ignoraron las críticas, los argumentos, el tema. Nadie más cogió la bandera. El tiempo y el Estado finlandés (ese que es tan útil para la seguridad social pero tan nocivo para el debate público, la solidaridad y la diversidad en este país) hicieron el resto.
¿Fin de la historia?

Escribí al principio de esta entrada que quienes luchamos por un mundo justo debemos evaluar el camino andado por las enterezas con la que lo hemos pavimentado. Ahora agrego otra: también debemos evaluarlo por los aliados que hemos coleccionado. Porque ahora yo, previos correos electrónicos -con canje de indignaciones incluidas- tengo en Canadá –Toronto, para ser más precisos- una profesora Sami con quien intercambio estrategias y arsenal en esta batalla profunda por el respeto a los derechos colectivos desde (y en) Finlandia.

Y no, no es una final, sino un nuevo comienzo: me han aceptado para dictar un curso sobre pueblos indígenas en la Universidad de Helsinki en noviembre de este año. El curso se llama “Dinámicas y conflictos de los pueblos indígenas en América Latina”.

Lo dicho: una batalla profunda.


Atzin

La lucha es como un círculo. Se puede empezar en cualquier punto, pero nunca termina. El Viejo Antonio.

12/07/09

Dos años

Setecientos treinta y un días, diecisiete mil quinientos cuarenta y cuatro horas, un millón cincuenta y dos mil seiscientos cuarenta minutos, así como decenas de inquietos fantasmas nocturnos, palabras descartadas, ideas pospuestas o no satisfactoriamente preñadas, y momentos de soledad estimulada frente a la computadora.
Es el recuento de los dos años (y los daños) que han transcurrido desde aquella tarde del 12 de julio de 2007, cuando decidí iniciar un blog, como quien inicia un idilio, para canalizar y compartir las intensas sensaciones que me producía el estreno como padre, la residencia en Finlandia y el proceso de elaboración de la tesis doctoral.

Como todo idilio, empecé inquieto, hasta algo indeciso, pero entusiasta e inspirado.
Por eso, el primer año fue profuso en palabras tendidas como puentes, alargadas como abrazos y sumergidas como desvelos.
Pero como cualquier idilio, se sucedieron instantes de alejamiento, desapego y hasta cierto abandono. Esto aconteció, sobre todo por la culminación de mi tesis doctoral, en este segundo año.
Por ello, las palabras fueron menos fecundas, los abrazos un poco más selectivos y los desvelos aislados. De ellos, rescato sólo tres:

3.- Batalla (¿pérdida?) en Finlandia
. Un breve repaso sobre el campo de batalla que, en ese entonces, se me avecinaba sobre los derechos colectivos de los pueblos indígenas y la cooperación al desarrollo en Finlandia. Hoy, estoy inmerso en él. Por eso, a la distancia, fue casi un presagio. (Por cierto, en la prospectiva me faltó la vena procesal: que no sería una batalla definitiva).

2.- Carta al Barrio de la Memoria de la Humanidad
. Un mensaje escrito con el corazón en puño inmediatamente después de conocer la mudanza de Don Mario Benedetti a su nuevo barrio. Fue mi manera personal e íntima de despedirme y agradecerle a Don Mario por la infinidad y la grandeza de sus palabras, esas que tanto me han enaltecido. ¡Gracias y hasta siempre Don Mario!

1.- Vocación de caminante
. Creo que a veces, cuando el camino se muestra incierto, resulta imprescindible mirar hacia sí mismo y dejar que la sangre cavile los pasos dados y espolee a los que vendrán. Eso signifca esta entrada para mí: un cantar efímero, puntual y a trompicones, pero muy personal de este caminante.

También, como todo idilio, el que ha tenido lugar desde esta esquina ha contado con testigos, celestinos y consejeros; todos ellos, muy valiosos para este romance. Por eso, en este año agradezco enormemente a Renata, Vic, Fer, Lola, Enrico, Juan Luis, Óscar, Iván (fam. Martínez Ramírez), Rodian, Andrea, MacVamp, Osvaldo Rocha, Regina, Dakini, CaroliNa, y FP, quienes me han abrigado con sus palabras escritas.

Es cierto y no tengo empacho en reconocerlo: la pasión disminuyó en este idilio durante el último año. Supongo que hasta puede ser normal. Pero como todo amorío que se precie de serlo, tengo ganas de reavivar el fuego. De volver a saborear las palabras, de excitar mis sentidos con un adjetivo preciso, de sentir el inconfundible éxtasis que acontece después de escribir “la frase correcta”.

Hoy se cumplen dos años de esta esquina.
Sin duda, la mejor manera de celebrarlo es confesando que tengo los ánimos renovados para seguir tendiendo puentes.




Todavía desde esta esquina,
Atzin

25/06/09

Víspera de retorno

No me canso de ver tus fotos.

Ya se sabe que la ausencia no es procreada por los kilómetros, sino por los olvidos.
Yo estoy lejos de ti, bien lo sabes, pero no estoy expatriado de tu existencia. De hecho, tú has sido mi refugio en los vendavales de soledad que me han azotado en estos últimos dos meses.
Tú en mi cúmulo de recuerdos que he almacenado como provisiones para tiempos invernales, tú como aliento en la fatiga, tú a la distancia física pero en la proximidad de mi pecho.


No me canso de ver y sonreír con tus fotos. Especialmente, con aquellas que han conservado tus risas para la posteridad.

Porque tu risa en tus ojos me ilumina la vida.
Tu risa me enciende hogueras de esperanza.
Tu risa me desencaja cicatrices de abatimiento.
Tu risa me da lecciones de supervivencia.
Tu risa me exorciza ausencias.

Tu risa, que es tuya y mía, porque a ambos nos pone en la antesala de la felicidad.


No me canso de ver tus fotos, sonreír con ellas y hablarles.

Saludarlas al despertar, narrarles mis planes del día, intercambiarles reflexiones, reiterarles que el tiempo pasa rápido, y decirles tantísimas cosas.
Como ahora, que he visto tú última foto risueña, le he hecho un guiño y le he dicho:
“¡Se acabo la añoranza, hijita, voy para casa!
¡Juntos vamos a estrenar nuevas risas!”

Atzin



Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
Miguel Hernández (Nanas de Cebolla)

19/05/09

Carta al Barrio de la Memoria de la Humanidad

Don Mario:

Perdóneme que, en lugar de dejarlo descansar como Usted sobradamente se lo merece, me una a los que lo despiden con lamentos ahora que se ha mudado de barrio.

Ya sé que eso no se le hace a un colega de nostalgias, a un compañero de desvelos, a un mentor de asideros, a un consejero de abrazos, a un cómplice de desvelos, a un socio de alegrías, a un aliado de utopías, al amigo incondicional que siempre compartió el verso necesario para rescatarme, descongelarme, fortalecerme y recordarme que, codo a codo, fuimos mucho más que dos.
Lo siento Don Mario, no lo pude evitar, así que lloré por su partida.
Lloré con esas lágrimas de ojos secos que Usted perfectamente describió.
Y lo hice porque el mundo, de por sí maltrecho y mísero como Usted lo conoció, se ha vuelto más triste al perder a uno de sus cantores más luminosos.
Pero también lloré, debo confesarlo, porque a pesar de sus poemas, aun conservo ese instinto animal de sentir mío lo que amo.

Porque Usted, Don Mario, protagonista del silencio, labrador de consuelos, ráfaga de paraíso, hoguera de soledades, no fue de Usted, ni siquiera de su amada Luz, o bueno, no sólo, sino que también fue yo deshilachando desazones, mendigando resplandores, definiendo caricias, desgranando intimidades, defendiendo alegrías.
Y es que muchísimas veces, Don Mario, cuando una mujer con ojos felices y felinos se postraba ante mí derrotando mi corazón coraza, Usted me centelleó en los labios y me hizo merecedor de un beso redentor que, lo siento, no compartí con Usted. (Sé que me ha perdonado por eso).
Pero sobre todo, Don Mario, Usted no fue sólo de Usted ni de su amada Luz porque cuando hice pausas en el camino, examinando el pasado baldosa por baldosa, sus palabras me obligaron a que no me pensara sin sangre, ni me quedara inmóvil al lado del camino.

Su estrategia funcionó, Don Mario: yo lo necesité.

Pero no alerte sus fusiles, Don Mario.
Ahora que ya ha tomado el camino, sólo quería recordarle, humildemente, melancólicamente, que Usted nos dijo que el olvido está lleno de memoria, y que por lo tanto yo sé que Usted se ha ido a vivir al Barrio de la Memoria de la Humanidad, ahí donde Usted se quedará para siempre con nosotros.

Allá le estoy mandando este agradecimiento en forma de despedida.


De luto,
Atzin